Vamos a contar mentiras (otra vez): por el mar corren las liebres, por el monte las sardinas. Ahí va una: “con el objetivo de precautelar sus derechos ante la crisis sanitaria que vive el país provocada por el covid-19, la Secretaría de Derechos Humanos, que tiene entre sus competencias la protección de los Pueblos Indígenas en Aislamiento Voluntario (PIAV), dispuso no permitir el ingreso al Parque Nacional Yasuní, que cubre a la Zona Intangible Tagaeri Taromenane, para controlar el contagio en las comunidades amazónicas del Ecuador”.

Resulta que ese anuncio, publicado en la prensa el 4 de julio, coincide con las denuncias y fotos de aserríos de balsa en las puertas de la casa de la llamada Estación de Monitoreo de la Zona Intangible, en el Shiripuno. Al Yasuní ha entrado Raymundo y todo el mundo durante la pandemia. Y muchos han entrado llevando la peste a esos rincones. Las actividades no se han detenido ni ha habido semáforos que las detengan.

Los balseros han encontrado por ahí una mina de oro y están sacando balsa con locura y seguramente, maderas finas. Los aserríos están en las narices de la estación, frente a la empresa petrolera Petroamazonas, frente al puesto de control del MAE y en las narices de los militares… y están desde hace, por lo menos, tres meses, trabajando a ‘full’, instalados en el Shiripuno, en las riberas del Napo y en Pastaza. Gilberto Nenquimo, presidente de la NAWE (Nacionalidad Waorani del Ecuador) lo denunció al inicio de la pandemia, en marzo, y pidió con desesperación a las autoridades que controlen el ingreso de balseros a Pastaza. No le hicieron ni el más mínimo caso. Y ahora los aserríos están por todos lados, como las plagas de las langostas, rodeando el Parque Nacional Yasuní y, por supuesto, entrando en él. Más ahora, con la miseria que se vive en el país: quienes no tienen trabajo entrarán a la selva a buscarse la vida y a participar del trabajo esclavo. Tan evidente la presencia maderera, que, como quien se tapa las vergüenzas, el COE tuvo que poner el tema en su agenda el 29 de junio.

En un operativo, de esos que se hacen para disimular, y ya cuando no podían las autoridades hacerse de la vista gorda, han retenido 24 metros cúbicos de balsa aserrada, 100 trozas de madera, una sierra industrial, un motor, dos galones de combustible y tres cartuchos de fuego. Ni un patrón maderero detenido, como ocurre siempre. Peor: ningún comprador de balsa y de maderas finas, ningún exportador. Ellos estarán felices, inflando las cifras del Ecuador como primer exportador de balsa mientras, selva adentro, los tagaeri-taromenane estarán huyendo, si es que aún están, del ensordecedor ruido de las motosierras y, quien sabe, de los disparos de escopeta con los que los madereros se abren paso monte adentro.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *